Se ha cumplido este mes de agosto el veinte aniversario de la compañía El Teatro de las Estaciones, de Matanzas. Una compañía creada por los dos activos titiriteros Rubén Darío Salazar y Zenén Calero, ambos dotados de un enorme empeño y de una imaginación tan exultante como fecunda. Lo más interesante de su labor es que no sólo crean espectáculos, sino que además desarrollan un ingente trabajo de investigación y de divulgación. Así lo indica su reivindicación de las figuras más importantes de la historia titiritera de Cuba, su puesta en marcha de espacios de representación como la Sala Pepe Camejo, el Centro Cultural Pelusín del Monte donde se realizan constantes exposiciones o el Jardín de Pelusín, un espacio al aire libre para fiestas y encuentros informales en el centro de Matanzas.

Jardín Pelusín del Monte

Pero quizás sea su visión estratégica y ampliamente internacional lo que más ha ayudado a que el Teatro de las Estaciones sea más que una compañía. Ahí está el Taller Internacional de Teatro de Títeres de Matanzas, dirigido por Rubén Darío Salazar y que se realiza cada dos años, o el último Consejo de la UNIMA Internacional que se realizó en mayo en Matanzas/Varadero. Todo un éxito de convocatoria y de organización que ha situado Cuba como un eje alrededor del cual parece girar el mundo titiritero americano, del norte y del sur. Las buenas labores diplomáticas para con sus compañeros de los EEUU y de Canadá han logrado este milagro de juntar el continente en sus distintos rostros hispano, luso y anglo. Con ello, los dos ideólogos del Teatro de las Estaciones no hacen más que retomar las viejas relaciones que desde siempre Cuba mantuvo con los Estados Unidos, como bien nos indican los historiadores –antes, por supuesto, de la Revolución (ver “Cuba/España, España/Cuba”, de Manuel Moreno Fraginals, Crítica, Grupo Planeta, Barcelona, 2002).

Reproducimos aquí dos artículos recibidos en los que se habla de la fiesta de aniversario de la compañía celebrada en Matanzas, uno de Zoila Sablón, y otro del mismo Rubén Darío Salazar.

Veinte Estaciones
Por Zoila Sablón*

El martes 12 de agosto, Teatro de las Estaciones convocó a un grupo de amigos, en su gran mayoría gente de teatro, a visitar Matanzas para participar en el jubileo por sus dos décadas de vida. Era curiosa la composición de los viajeros. Entre esos amigos invitados estaban, por supuesto, personas que los han acompañado desde su fundación, y también jóvenes, algunos ex integrantes del colectivo, y, otros, muchachos que han sido seducidos, en corto plazo, por el encanto del equipo liderado por Rubén Darío Salazar y Zenén Calero.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
Norge Espinosa entrevista a los actores fundadores del Teatro de las Estaciones. Fotografía de Julio César García.

Si hay una ciudad donde sin esfuerzo alguno te hacen sentir bien, a gusto, como si uno fuera parte de la familia, es Matanzas y sus teatristas. Creo que es una tradición local combinada con el estilo de trabajo que por más de dos décadas cultivó la actriz Mercedes Fernández al frente, hasta hace pocos meses, del Consejo Provincial de las Artes Escénicas. Cuando asistimos a una celebración en Matanzas, confiamos en que no solo nos sentiremos bien, sino en que será un momento de buen gusto, con una fineza típica del que todo entrega, no importa si tiene mucho o poco que dar. Uno sabe que va a confirmar afectos, a encontrar nuevos.

Y este pasado martes no fue menos. Teatro de las Estaciones, con el mismo cuidado particular en los detalles, con igual afán con que bordan un espectáculo en el que quedamos admirados por la belleza de las imágenes, por el gesto preciso y seductor de la animación y actuación; pues, de esa misma manera, el grupo concibió un espectáculo hermosísimo y emotivo por sus veinte años. Casi nada escapó al recuento de vivencias y anécdotas de los protagonistas de estas dos décadas, compartidas con muchos de los que estábamos sentados en la confortable y recién estrenada sala Pepe Camejo, a un costado de la Galería El Retablo.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
Las nuevas generaciones de la compañía. Fotografía de Julio César García.

La ronda de historias, moderada por el dramaturgo Norge Espinosa, uno más de la plantilla permanente de trabajo del colectivo, colocó en proscenio al núcleo duro de aquel inicio: Mercedes Fernández, Rubén Darío Salazar, Freddy Maragoto, Migdalia Seguí, Fara Madrigal y Zenén Calero. Fueron ellos, junto a Cecilia Sodis, directora del Teatro Sauto y a quien se le echó de menos esa tarde, los responsables primeros de aquel parto en el aciago verano del 94, cuando reinaban la desazón y la desesperanza y casi todo se trataba de la supervivencia corpórea y espiritual. Más tarde se sumarían otros colaboradores permanentes, como Lilita Padrón, directora de la compañía Danza Espiral, la soprano Bárbara Llanes, los músicos Raúl Valdés y los Montalvo, escritores, artistas plásticos y el más reciente amigo del grupo, el trovador William Vivanco, con quien Las Estaciones  prepara su próximo estreno.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
Bárbara Llanes y Karen Sotolongo, protagonistas de Canciones para estar contigo.

La nómina de los actores se ha renovado con el ingreso de muchachos para quienes estar en Teatro de las Estaciones ha sido un sueño, una especie de lugar donde querer estar. Son rostros que ya hemos visto en recientes montajes y que continúan y enriquecen, con inteligencia, sensibilidad y compromiso, el sello distintivo del grupo: Karen Sotolongo, María Laura Germán, Luis Toledo e Iván García.

Ser testigo del paso del tiempo además de traernos la obvia confirmación de que, en efecto,  ya nos somos los mismos – justamente me di cuenta que ayer estaba rodeada de gente a las que conocí hace veinte años cuando comencé a trabajar en el teatro -;  por otro lado nos ofrece el privilegio de haber asistido al nacimiento de un proceso que no se ha detenido desde entonces y que del tiempo no toma el desgaste y el confort, sino la energía y la vitalidad para renovarse y buscar nuevas preguntas.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
Actuación de Canciones para estar contigo.

Al final, cuando Vivanco tomó la guitarra y los actores subieron a escena a bailar en un acto espontáneo de festividad y gozo, Rubén Darío condensaba con una sola frase lo que ha sido para muchos de ellos Teatro de las Estaciones: ha sido vivir, sencillamente vivir. Y como él mismo apuntaba, vivir en dos décadas muy complejas y duras de nuestro país. En el tránsito de estos años, Teatro de las Estaciones ha concebido bellísimos espectáculos, muchos de ellos no solo lo mejor del teatro de títeres en Cuba, sino del teatro cubano, como aclarara también Espinosa. Han forjado cultura y saber, si ellas pudieran ser excluyentes. Han producido ideas a través de publicaciones, eventos, confrontaciones, en permanente diálogo con el movimiento teatral de la Isla y en escenarios internacionales. Han recuperado, he ahí uno de sus más grandes méritos, una zona importantísima de la historia titiritera cubana, han revitalizado tradiciones, han revalorizado nombres apenas antes mencionados en nuestras escuelas; han contribuido a fundar, también con el magisterio recibido en primer término de René Fernández, pater de esa tradición compartida, de Armando Morales, Dora Alonso y muchos otros, un espacio exclusivo para la creación titiritera como es el Taller Internacional de Títeres de Matanzas y la saga de inspiración para muchos que ha legado. Han creado alianzas con teatristas e instituciones, han dado razones suficientes para el intercambio franco, para el estímulo de la conspiración creativa, fértil, beneficiosa al arte.

Mientras esperábamos la guagua para el retorno, Rubén Darío le recordó a Carlos Díaz su compromiso de hacer alguna vez Don Perlimplín…, el desafío de llegar hasta Matanzas para dirigirlo, en un espectáculo que, sin duda, gozaría de una larga y exitosa temporada. Carlos le sonreía, callado, mirando bajito, como hacen los buenos amigos cuando se dicen cosas serias. Ojalá así sea.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
La coreógrafa Lilian Padrón con los actores de la compañía. Fotografía de Julio César García.

Teatro de las Estaciones es también parte de mi vida familiar, como una vez dije en su celebración número quince. Mis hijos han saboreado sus espectáculos desde mis brazos, cuando apenas gorjeaban, identifican los diseños de Zenén y señalan a Rubén como amigo.

Con los veinte años de Teatro de las Estaciones también recorremos un tramo difícil y fecundo de nuestra no tan reciente historia teatral.

*Maité Hernández Lorenzo

La fiesta infinita de Teatro de Las Estaciones.
Por Rubén Darío Salazar.

La fiesta del cumpleaños 20 de Teatro de Las Estaciones fue ayer. Me parece estar viviendo todavía la celebración entre colegas, amigos y familiares. La Sala Pepe Camejo, sede de nuestra agrupación, se volvió pequeñísima ante la presencia de tantos colaboradores y seguidores de esta ilusión, nacida un 12 de agosto, de 1994. Las 4 en punto de la tarde fue la hora señalada. Todos, o casi todos – algunos de nuestros más allegados estuvieron ausentes por vacaciones, trabajo, misiones o residencia actual en el extranjero- estaban allí y fueron recibidos por los actores estacioneros, vestidos con sus personajes preferidos, Fara Madrigal era el Hada Azul, de Pinocho corazón madera, Migdalia Seguí fue Lady Milady The Fox, de la misma obra, María Laura estaba de guayabera verde caleriana, como recién salida de Una niña con alas, y Karen, la fémina más joven de nuestro grupo, de Alicia, la eterna niña que busca al conejo blanco. Los varones igual, Freddy Maragotto, de regreso a su casa, se puso el traje de el Payaso triste, de En un retablo viejo, Iván García de Don Bigote Capirote, el dueño del Circo de nubes del montaje Canción para estar contigo, el benjamín masculino Luisito Toledo, se volvió el Señor Primavera, de El patico feo, y yo una vez más me enfunde el traje de marinero, que he sudado más de 100 oportunidades, interpretando el unipersonal La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
Norge Espinosa y Zenén Calero. Fotografía de Julio César García.

La animación digital de nuestro logotipo en una gran pantalla blanca, acompañada del sonido armonioso del concierto Las Estaciones, de Antonio Vivaldi, dio paso al cartel 20 años en el camino de los títeres, ideado por Calero Medina, y entonces sobrevino la primera sorpresa: Freddy Maragotto, interpretó en calidad de estreno el poema Canción de las estaciones,  concebido por el dramaturgo, poeta y crítico Norge Espinosa, para el prólogo de El patico feo, y nunca utilizado. Con la música de Reynaldo Montalvo, uno de los compositores que nos han acompañado en estas dos décadas intensas, sirvió como preámbulo de una conmemoración llena de emociones.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
William Vivanco cerró la fiesta de aniversario.

Norge condujo todos los diálogos de la actividad artística. El primero con Mercedes Fernández, quien fuera la presidenta del Consejo Provincial de Artes Escénicas de Matanzas. Ella, junto a Cecilia Sodis, la directora del Teatro Sauto, primer hogar de Las Estaciones, quien por poderosas razones no acudió a la cita, fueron las promotoras y las mejores madrinas de nuestra agrupación en sus comienzos. Regresó Reynaldo Montalvo para cantar con sus hijos Claudia y Daniel, ella adolescente, él niño aún, ellos hicieron de la guitarra, la flauta y la trompeta, junto a un joven percusionista cuyo nombre desconozco, un momento de melodías y evocaciones de tiempos pasados, de nuevas épocas por vivir.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
Rubén Darío Salazar y Toni Rumbau, frente al Retablo, Matanzas (2012). Fotografía de Rebecca Simpson.

Entonces apareció Liliam Padrón, bailando a Lecuona a través de la voz eterna de María de los Ángeles Santana. Hasta la escena, nos condujo a los 4 actores fundadores de Las Estaciones, para improvisar alrededor de ella  un Grand pas de cuatre  especial, que nos unió después de pasar cinco años de la última vez.  Nos quedamos con Norge y cada quien desgranó sus mejores recuerdos, acompañados de las respectivas imágenes comentadas en pantalla. Dimos paso a Rey Montalvo hijo, un pequeño artista de los primeros espectáculos que subieron a las tablas del Sauto, que acompañado de su padre y el talentoso percusionista desconocido, hizo sus propias canciones.

Lilita no se le escapo a Norge del intercambio testimonial, pues nadie como ella, directora de la compañía Danza Espiral, para hacer bailar y moverse de forma fluida y orgánica a los titiriteros matanceros en estos veinte años.  El joven bailarín y coreógrafo Yadiel Durán, que debutara como actor con Teatro de Las Estaciones, en 2011, interpretando al Payaso Girador de Canción para estar contigo, bailó la amorosa habanera de la puesta  Federico de noche, interpretada por Lázaro Horta, con letra del propio Espinosa Mendoza y música de la maestra Elvira Santiago, compositora premiada en dos ocasiones por las partituras de este montaje.

20 aniversario Teatro de las Estaciones
Calle de Matanzas, con el Teatro Papalote, de René Frenández, a la izquierda. Fotografía de T.R.

Zenén Calero, a quien no se le ve nunca en las tablas, aunque siempre esté con sus inolvidables y eficaces diseños, fue el otro creador estacionero invitado a dialogar. Sus palabras sinceras y esenciales iban a ser selladas con broche dorado por la destacada soprano lírica Bárbara Llanes, colaboradora del grupo yumurino desde 2007 y allí presente, pero una repentina indisposición de salud no se lo permitió. En su lugar, Freddy Maragotto, ya dueño de la tarde noche a esas alturas de la festividad, nos regaló, acompañado por Montalvo padre a la guitarra, la Canción de un festival, de Portillo de la Luz. Lilita y Yadiel  completaron el espontáneo relevo improvisando a dúo.

La última sección de entrevistados correspondió a los cuatro actores continuadores de la saga de histriones, iniciada en 1994, quienes de distintas y personales maneras expusieron su joven experiencia en el arte de los retablos. William Vivanco, el reconocido trovador santiaguero, que prepara un nuevo estreno con Las Estaciones, cerró el concierto-diálogo con dos de sus creaciones musicales, acompañado de un resumen fotográfico de todas las producciones teatrales del colectivo.  Pero el respetable quiso más y más tuvo. El ritmo pilón, inventado por Pacho Alonso, se derramo en la voz y la guitarra de Vivanco por toda la sala. A esas alturas del jolgorio cumpleañero, cada quien bailó desde sus silla, de pie o en el escenario. Lo demás fueron las felicidades colectivas con un delicioso pastel de chocolate, más obsequios y reconocimientos entregados por instituciones como el Museo Farmacéutico Ernesto Triolet, la Biblioteca Provincial Gener y del Monte, el Teatro Mirón Cubano, el Sindicato de la Cultura y el Buro Provincial del Partido en Matanzas.

Biblioteca de Matanzas, Cuba
Biblioteca pública de Matanzas.

Dos horas después de la actividad artística, el jardín de Pelusín del Monte acogió a los que siguieron de conmemoración con nosotros y degustaron del sencillo aperitivo preparado por la institución escénica provincial. Un montón de recuerdos, repaso de momentos irrepetibles y efímeros, se coló entre los árboles y flores del  vergel construido hace un par de años. La historia vuelve a recomenzar. Estos 20 años de hallazgos, riesgos y utopías, nos estimulan a convocar otros veinte más y otros y otros, en infinito sueño teatral.

Rubén Darío Salazar, Matanzas,  13 de agosto de 2014

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