La historia del arte teatral podría también contarse a partir de los viajes. En todas las épocas y civilizaciones, el teatro, como el conjunto de la cultura, ha viajado más o menos visible u oculto entre las ideologías y las especias, entre los hombres y las materias preciosas. El títere, objeto de naturaleza trashumante, ha conocido numerosas idas y vueltas, atravesando continentes y mares. Chiwara, Hanuman, Polichinella o Karagoz saben de rutas insondables sobre camellos, barcos, caballos, coches, aviones…

En los años 60 del pasado siglo tuvo lugar una experiencia fascinante y pionera, que tal vez la historia de nuestro oficio no le ha dado todo el valor que merece: la expedición Alexandre, una vuelta al mundo en busca de títeres y titiriteros. Fue una bella y valiente empresa en tiempos donde aún no se hablaba de globalización, donde recorrer continentes por carretera era algo azaroso, donde vivíamos sin internet, y los teléfonos móviles, GPS o redes sociales no formaban parte de nuestros modos de relacionarnos ni de nuestros objetos cotidianos.

Philippe Genty

Imagen de la obra de Philippe Genty

El proyecto lo lideró Philippe Genty con apenas veintiséis años. Él todavía no era el “titiritero global” que gira con éxito por el mundo, o que lleva sus espectáculos al Festival de Aviñón, y a los parisinos Théâtre de la Ville o Palais de Chaillot. Era Genty en ese tiempo un joven tímido, con ganas de huir de su realidad y que apenas conocía el arte de los títeres. Sus cómplices en esta aventura fueron el fotógrafo francés Yves Brunier y luego la marionetista japonesa Michiko Tagawa.

El gran viaje

El origen de esta vuelta al mundo titiritera está en la incomodidad de Genty con su entorno. La muerte de su padre cuando él tenía seis años, y por la que se auto culpó durante mucho tiempo, su itinerancia involuntaria por dieciséis internados donde siempre terminaron echándolo, sus estudios inconclusos en Artes Aplicadas, y una real timidez y dificultad para comunicarse con los demás, forjaron en Genty una permanente necesidad de fuga hacia adelante, lo que explica su impulsó para hacer esta vuelta al mundo llamada Expedición Alexandre: “Necesitaba huir, es cierto, pero con una especie de bulimia de espacios, de sueños de espacios que me atraían.”(1)

Preparó la expedición durante dos años. Construyó un títere de hilo, Alexandre, que representaba un periodista. Esta marioneta iría al encuentro de sus parientes en otros lugares del mundo. Genty cuenta que el títere comenzó con una compleja cantidad de hilos que se enredaban continuamente, y con un sistema de poleas y recursos de maquinaria para hacer un número entre Alexandre y una mariposa, que terminó sintetizando al máximo, movido por consejos  de Alain Recoing y Jacques Lecoq, y por la propia realidad de la vida itinerante que se antojaba diferente cada día.

Para financiar su viaje pidió ayuda a la UNESCO, y convenció a los funcionarios no con el típico dossier que explica los propósitos del proyecto, sino con una breve actuación de Alexandre. La UNESCO, en el marco de un proyecto mayor llamado Oriente-Occidente, aportó una cámara y película; en contrapartida los jóvenes debían recolectar y enviar a París fotografías e imágenes filmadas. Genty y Brunier contaron también con ayudas de la Alianza Francesa, la AFAA, la Biblioteca de la Arsenal, así como de marcas privadas que les pertrecharon de fungibles cinematográficos y fotográficos, útiles de acampada, repuestos para el coche, etcétera. El vehículo fue un Citroën 2CV. En él partieron a descubrir los títeres del mundo y recorrieron ciento treinta mil kilómetros por cuarenta y siete países de Europa del Este, Medio Oriente, Asia, Australia, América del Sur, América Central y América del Norte, entre los años 1962 y 1966.

Esta expedición constituyó una colecta documental sin precedentes sobre el arte de los títeres. Impartieron también conferencias y actuaron con Alexandre, que era el gagne-pain, el medio para sustentarse económicamente a lo largo del viaje. Las cifras que resumen esta expedición de cuatro años son elocuentes: siete mil fotografías, seis mil quinientos metros de película a color, sesenta conferencias, quinientas actuaciones e innumerables emisiones de radio y televisión internacionales.

Genty confiesa que fue en Asia donde sintió el “flechazo” de los títeres: “Del teatro de siluetas gigantes de Andra Pradesh al bunraku de Osaka, pasando por los títeres de hilo de Rajastán, fueron tantas las imágenes fuertes que tuve la suerte de poder digerir a lo largo de los recorridos en el 2CV. Atravesamos desiertos y pistas interminables a través de la selva. Hay que haber estado envuelto en el monzón de Malasia durante varios días, para sumergirse totalmente en el clima de una representación de Wayang Kulit  en medio de un bosque tropical. Ese mismo bosque donde se desarrolló el Ramayana, epopeya de dioses, demonios y hombres, contado con siluetas de teatro de sombras.”(2)

Dentro del vasto territorio asiático y la riqueza de su teatro, fue en Japón donde Genty tuvo un gran shock  y así lo explica: “Estuve albergado en casa de un titiritero de hilo. Era un excelente escultor que hacía a veces cabezas para el bunraku. Pasé un buen tiempo de mi estancia a fabricar un títere. (…) Descubrí una noción muy importante que utilizamos más tarde en nuestros espectáculos: las proporciones. Contrariamente a muchos titiriteros que hacen cabezas enormes en relación a los cuerpos, en el bunraku las proporciones están completamente invertidas: el tamaño de la cabeza está entre ocho y nueve veces contenido en el del cuerpo; esto hace que el cuerpo tome una amplitud sorprendente en escena dada esta relación.”(3)

En Japón Genty conoció también a Michiko Tagawa, titiritera de un grupo tradicional, que se sumó a la expedición y enriqueció el espectáculo con una escena de estética japonesa. Un pequeño samurai comenzó a acompañar a Alexandre y otras marionetas por las rutas titiriteras.

La Expedición Alexandre resultó ser una escuela apasionante “sobre la marcha”, en el plano artístico y humano. Con frecuencia tenían que actuar en condiciones precarias para reunir algún dinero que permitiese comer y seguir filmando. Podrían contarse innumerables cosas de la mil y una peripecias acontecidas a estos jóvenes que fueron al encuentro de títeres y titiriteros del mundo, arriesgando a veces su propia vida. En Ecuador, por ejemplo, en plena cordillera de los Andes el coche derrapó y se estrelló proyectando a Michiko. La japonesa salvó la vida pero estuvo durante muchos meses hospitalizada y con grandes problemas de movilidad. En el accidente perdieron también las cámaras, la máquina de escribir, el dinero, las notas del viaje y demás pertenencias. En Guatemala volvieron a perderlo todo, vehículo incluido, pues les robaron el  2CV. El susto tuvo un afortunado desenlace en el que intervino el propio coronel Peralta, presidente del país, quien dirigió una operación para que los ladrones devolvieran a los extranjeros el coche y demás bienes. Alexandre fue al encuentro de titiriteros, y en su camino se cruzó también con personalidades como el líder soviético Nikita Khrushchev, o con canguros australianos en plena noche, o con piedras incandescentes en el cráter de un volcán centroamericano…

Cerrando el círculo

Al regresar a Francia, el documental vio la luz en 1969 bajo el título La vuelta al mundo de los títeres. A través de las imágenes el espectador podía acercarse a las sombras javanesas, tailandesas e indias, al bunraku de Osaka y las marionetas de Takeda-za, a los títeres de varilla sagrados de Laos y Mongolia… El filme mostraba también el trabajo de titiriteros no asiáticos como Serguei Obraztsov (antigua URSS) y Jim Henson (EEUU).

Genty volvió formado al oficio titiritero, curtido por la fuerza de los vientos y mares del mundo. Creó su compañía y continuó su trabajo en el que la tradición es el sustrato de la modernidad de su lenguaje. La Expedición Alexandre fue su escuela, su fuente de conocimiento y experiencias y hemos de entender la riqueza de aquella aventura también por todo lo que irradió más allá de sus protagonistas.

En la obra de Genty se percibe fundamentalmente la influencia del bunraku, sobre el plano técnico y estético. El hecho de haber viajado por horizontes tan diferentes fue determinante en la escritura de este artista. No olvidemos que sus puestas en escena son fruto de su propio trabajo dramatúrgico, profundamente visual, poético, no narrativo. La vuelta al mundo le confrontó a la problemática de los idiomas, y por ello Genty comenzó a privilegiar la imagen sobre la palabra. El tema del viaje iniciático es también una constante en sus creaciones: personajes que cambian de espacios, en permanente búsqueda de sus demonios interiores.

Philippe Genty a su vez ha influenciado a muchos marionetistas en sus cincuenta años de carrera y a lo largo de sus giras internacionales. Además ha impartido talleres y devenido un maestro para varias generaciones de titiriteros. Su obra es un ejemplo elocuente de la imbricación fecunda entre tradición y modernidad.

Hoy el mundo ha cambiado. Si miramos atrás es enorme el abismo que nos separa de los años 60. Paradójicamente, cuando los viajes a nivel práctico son más accesibles que nunca, acometer expediciones como la Alexandre parecen utopías imposibles. Aquella era otra forma de viajar, de relacionarnos y observar el mundo. No nos movíamos con el “presenteísmo” actual, ni estábamos asfixiados de leyes, ni regidos por un orden económico que condiciona todos nuestros actos… Se podía aún tomar el tiempo, esperar, hacer trueques de actuación por comida y techo, y detenerse a aprender con un maestro tradicional. Hoy muchos de esos maestros han muerto sin dejar discípulos, hecho que es el mayor peligro para nuestro arte. Algunas de sus formas milenarias están en vías de extinción y otras ya ha desaparecido, como los títeres que Genty conoció en Laos, por ejemplo.

Sería deseable que el documental, las fotos y demás material colectado por Genty, Brunier y Michiko, aunque son de uso público, fuesen todavía más conocidos, para tomar conciencia de lo que somos, de dónde venimos, de la riqueza del patrimonio que perdimos y sobre todo del que debemos aún salvar.

Notas

(1) Genty, Philippe; “Portrait de Philippe Genty par Christian Chabaud”, en Ça bouge, Revue du pôle de la marionnette en Essonne, N° 3, otoño 2004, p. 10.

(2) Genty, Philippe; “Jean-Loup Temporal interroge Philippe Genty”, en UNIMA France, N° 81, septiembre 1983, pp. 8-28.

(3) Genty, Philippe: “Portrait de Philippe Genty par Christian Chabaud”, en Ça bouge, Revue du pôle de la marionnette en Essonne, N° 3, otoño 2004, p. 11.

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