Cleo. Foto compañía

¿Qué pasa cuando una niña se obsesiona con el No es No, ese modismo de tanta usanza que los políticos copiaron de la irracionalidad testaruda de los infantes? Bien sabida es la cerrazón de los niños empecinados, capaz de poner de los nervios a tantos papis y mamis, que no saben cómo bajarlos del burro, cuya exasperación los lleva a socorrerse con remedios todavía más irrazonables.

De eso trata el espectáculo que la compañía de Madrid Hilando Títeres ha traído a La Puntual de Barcelona, donde está del 27 de marzo al 6 de abril de este agitado 2026 en el cartel de su programación de Semana Santa. Una obra que interpreta en solitario la reconocida titiritera y dramaturga madrileña Mar Gasco García, junto al otro miembro de la compañía, Gonzalo Cardone Domínguez, veterano titiritero de la Argentina instalado desde niño en España, familiar de Luís y Adriana, de la célebre cía. La Gaviota, quien firma el diseño y la construcción de los títeres. Un proyecto en el que ha colaborado también Ana Laura Barros, de Asturias, responsable de los decorados en forma de pop-ups de la escena marinera.

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Cleo es la niña exigente que gusta tanto eso de decir No, lo que se traduce en un abuso de las rabietas, tras haber encontrado el gusto de llevar siempre la contraria. Una niña ‘de carácter’ podríamos llamarla, de las que no se dejan domesticar fácilmente. Rebelde y levantisca, no solo con la familia, también con sus compañeros, lo que propicia que poco a poco se vaya quedando sola.

Un día, jugando en la playa, encuentra una caracola de mar. Y el sonido que sale de ella la transporta a una isla desierta y solitaria perdida en alta mar.

No vamos a soplar al lector lo que ocurre en la escena, pero sí podemos decir que este toque de realidad le enseña a escuchar, primero el mar y luego a sus semejantes. Y cómo ocurre en este tipo de historias de contenidos sencillos pero importantes, lo que incumbe aquí es el cómo más que el qué. Es decir, el cómo se nos cuenta la historia.

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Y aquí es importante destacar el buen oficio de Mar Gasco, dotada de una larga experiencia en el quehacer titiritero, que le permite estar presente como narradora, animadora de los muñecos y también cómo personaje que sabe bien de lo que habla, pues en realidad nos está contando pasajes de su propia infancia, cuando respondía a estos patrones de ‘niña empecinada’. Y es en este estar ‘dentro y fuera’ de la historia en lo que sobresale Mar, empleando un tono cercano a los niños, sin recurrir a impostadas dulzuras, un tono intimista y a la vez, distante y convincente.

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El No es No del principio transita así hacia el sano Si y No, situándose en el fiel de la balanza que permite sopesar y escoger entre las dos opciones según criterios de flexible pertinacia. Aunque, en paralelo a lo que decíamos antes, lo importante aquí es el cómo de la fluctuación (el cómo del relato) más que la verdad siempre verdadera de cada plato de la balanza.

El público de La Puntual, bien educado y sensible a las razones y los quehaceres titiriteros, premió con cariñosos aplausos a la artista. Y como es habitual en la sala, Cleo bajó a la platea para charlar con sus amiguetes, liberada ya de su No es No.