San Pantzar (Foto de Nati Cuevas)

Este trabajo tiene la finalidad de divulgar el contenido y las formas de los interesantes carnavales que perviven en el entorno vasco, analizando su origen y sus características, incluida la teatralidad de muchos de sus rituales, siendo estos comunes tanto en la península ibérica como en el conjunto de Europa, especialmente en la Europa central.

El carnaval está entre las fiestas más genuinas en el ámbito europeo teniendo su origen en las religiones animistas, de modo que, con la llegada del cristianismo, estos festejos se fueron modificando, tomando también algunos aspectos de la cultura romana, de sus fiestas lupercales y saturnales. Estamos ante los estratos más profundos de la cultura popular, que como iremos viendo al desarrollar este estudio por un extenso territorio, se resiste a desaparecer.

Como titerero me interesa sobre todo destacar la importancia que el teatro y los títeres tienen en estas singulares celebraciones. En esta ocasión se trata de analizar brevemente algunos de los carnavales más destacados de un territorio geográfico y cultural muy variado y singular: Euskal Herria. Comenzaremos por el más septentrional de ellos.

El carnaval de Bardos (Bardoze)

Al noroeste, no muy lejos de Bayona, se encuentra Bardos (en euskera Bardoze), pequeña localidad vascofrancesa que cuenta con unos dos mil habitantes y celebra un carnaval con un claro interés antropológico y con algún personaje muy singular.

Este carnaval presenta al menos dos de las figuras tradicionales como son el oso, que viene a representar el despertar de la naturaleza, y el personaje que es juzgado, llamado en eta ocasión San Pantzar y que representa al carnaval. Esta zona está bajo la influencia de la cultura llamada xarnegu, mezcla de la cultura vasca y de la gascona.

El oso y su ama, el personaje más frecuente en todo tipo de carnaval (Foto de F. G.)

Trasladado para ser juzgado (Foto de F. G.)

Kotilun gorri (Foto de F. G.)

máscaras más propias y singulares de estos carnavales son las llamadas kotilun gorri, de aspecto mitad burlesco y mitad mágico, eso sí, dotadas de una gran teatralidad. La celebración a la que asistimos comenzó con la aparición de estas máscaras al liberarse de las telas negras que las cubrían y colocarse el curioso gorro de forma cónica con el que cubren la cabeza, mientras una original máscara de color rojo, como su nombre indica, cubre sus caras.

Todos los personajes y la comparsa realizan un pasacalle alrededor del Chateau de Salha que aloja el ayuntamiento o mairie, hasta que se inicia el juicio en el que San Pantzar es acusado de realizar numerosas fechorías a lo largo del año.

Juzgado en esta ocasión por varias mujeres (cada año son elegidos quiénes representarán a los jueces), es declarado culpable y quemado entre los gritos y las danzas de los asistentes al carnaval.

San Pantzar ante la “Corte de Justicia” (Foto de F. G.)

San Pantzar ardiendo como símbolo del mal (Foto de F. G.)

En esta localidad vivió sus últimos años nuestro querido colega Beñat Lefever, gracias al cual y a la compartida pasión por los títeres y la cultura vasca, vivimos estos carnavales; una interesante colaboración con su compañía Azika así como jornadas de confraternización entre ambas tierras vascas de la mano de UNIMA Euskal Herria.

Sirva este carnaval como muestra del rico folklore de esa zona vascofrancesa, de entre la que destacaremos la mascarada carnavalesca de Zuberoa y otras formas parateatrales como las Karrosas de Valcarlos-Luzaide o las Pastorales de Zuberoa, que son un resto del teatro medieval cuyo estudio también abordamos en su día.

El carnaval de Lanz (Lantz)

De entre todos los carnavales, el más parecido a una representación teatral con máscaras o muñecos es precisamente el carnaval de Lanz, un pueblecito situado a unos veinte kilómetros al norte de Pamplona y por el que pasaba antaño la antigua calzada que unía la capital de Navarra con sus territorios del norte.

Santa Cruz, la calle principal de este pueblo lineal (Foto de F. G.)

Este interesante carnaval tiene dos días importantes, el lunes y muy especialmente el martes, en doble celebración de mañana y tarde. Estamos ante un carnaval inicialmente pensado para ser realizado y vivido por los propios moradores de Lanz. Todo comienza el domingo con una comida de los mozos en la Posada (Ostatua) municipal y con la construcción de las máscaras como Miel Otxin, el acopio de sacos y paja para Ziripot y la preparación de Zaldiko.

Tras la prohibición de los carnavales que siguió a la última guerra civil, al final de los años cuarenta, José Esteban Uranga y José María Iribarren pidieron que se levantara la prohibición, siquiera por una vez. De modo que, según Julio Caro Baroja: El carnaval volvió a celebrarse con toda exactitud en sus detalles, y ello dio ocasión a que Uranga hiciera unas fotos impresionantes y a que Iribarren publicara un magnífico estudio que apareció primero en la revista “Príncipe de Viana”       

Fue en 1963 cuando el antropólogo Julio Caro Baroja y su hermano Pío decidieron pedir permiso de nuevo para celebrar este carnaval e incluirlo en una serie de documentales folclórico-etnográficos que se emitieron en Televisión Española y que incluyeron el carnaval de Lanz. Esta grabación pudo verse en la reciente exposición Esperpento. Arte popular y revolución estética presentada en el Museo Reina Sofía de Madrid y que incluyó otras referencias tanto al títere culto como al popular.

Dos de las principales figuras, Zaldiko en primer plano y al fondo el gigante Miel Otxin, que ha sido montado sobre una vara de avellano bifurcada para ser portada a hombros de los mozos (Foto de F. G.)

En el desván de la posada se montan todas las máscaras, siendo Ziripot la más laboriosa al forrar a un mozo con sacos llenos de paja. Estamos ante un títere habitado (Foto de F. G.)

Estas tres figuras son las principales de la representación con aires teatrales que se produce en este carnaval y concluye tras el pasacalle en el que Zaldiko va tirando al suelo a Ziripot, ya que este representa a un vecino fuerte que quiere oponerse a Miel Otxin por ser la mayor representación del mal en un pueblo de calzada. Por todo eso es ayudado a levantarse por los Txatxos, antes solo mozos, y en la actualidad también mozas del pueblo.

Varias máscaras muy sombrías, vestidas con sacos de arpillera y tocadas con unos cedazos rotos, los herreros o perratzaileak tienen preparado un yunque, un caldero con fuego y las herramientas necesarias, tales como martillo, tenazas… para colocar las herraduras a Zaldiko, que vuelve a ser herrado en el otro extremo de la calle.

Los herreros a la espera de la llegada de Zaldiko, siendo herrado en varias ocasiones (Foto de F. G.)

Txatxos con sus máscaras y atuendo en la plaza donde se baila el zortziko de Lantz antes de retirarse a la comida popular en la Posada (Foto de F. G.)

Finalizada esta y tras una sobremesa llena de cánticos, se repite el pasacalle, pero en esta ocasión el personaje principal será Miel Otxin, que sale para ser juzgado en la plaza frontón acusado de haber causado diversos males a la población de Lanz. Tras la condena, un joven desde una esquina dispara varios tiros de escopeta y Miel Otxin finge caer fulminado. 

Ya en el suelo se abalanzan los txatxos sobre él rasgando sus ropas, sacando y amontonando la paja de su interior para pegarle fuego y conjurar un año más la fuerza del mal. Antes de iniciarse el fuego es retirada la cabeza de Miel Otxin con su típico gorro con el fin de reutilizarla en el siguiente carnaval.

A partir de ahí, jóvenes y mayores, retroceden formando un amplio círculo y comienzan a bailar el zortziko de Lanz abarcando toda la plaza del frontón.

En palabras de Julio Caro Baroja: Miel Otxin, nuestro gigante navarro, montañés, es un hermano campesino de las opulentas y obesas representaciones ciudadanas del Carnaval de Italia, Francia, Alemania y España misma. Es un símbolo de los vicios, del mal, que en este caso se ha centrado en el recuerdo de un viejo salteador de caminos, que lógicamente, en un pueblo en el que el camino ha tenido gran significación, fue considerado en tiempos como el máximo representante de él.

Dejamos el pueblo de Lanz y nos dirigimos hacia Pamplona para luego acercarnos hasta Alsasua, donde nos espera uno de los más intensos carnavales de Euskal Herria.

Los momotxorros del carnaval de Alsasua (Altsasu)

Existen notables coincidencias entre el personaje central de este carnaval, el momotxorro, y la descripción que el ya citado antropólogo vasco Julio Caro Baroja hace de las lupercales, fiestas que se celebraban en el mes de febrero en la cueva Lupercal del Palatino romano y que se prolongaban a lo largo de una semana.

En ambos rituales los participantes se embadurnaban con sangre de animales recién sacrificados (en la actualidad con un tinte rojo similar) para luego perseguir y golpear con su sarda de madera, sobre todo a las mujeres, con el fin de provocar su fertilidad. Lo cierto es que este carnaval dejó de celebrarse antes de las prohibiciones del franquismo por lo agresivo y violento que resultaba, ya que se dice que las máscaras llegaban a entrar en los domicilios particulares.

El ritual de la sangre previo al inicio del carnaval (Foto de F. G.)

Fue el prestigioso acordeonista de esa localidad de Navarra Enrike Zelaia, quien en 1982 recuperó este carnaval, tras haber sido representado unos veinte años antes por el vizcaíno grupo de danzas vascas Andra Mari. Ya en aquel momento, Zelaia se interesó por recuperar de la memoria de los mayores las características de aquel carnaval rural que había quedado en la memoria colectiva del pueblo, pero tendría que esperar a tiempos de mayor libertad para intentar ponerlo en pie.

Ha llegado el momento de definir la figura del momotxorro; se trata de un joven vestido con pantalones azules y una sábana o camisa blanca, sobre la que lleva unas pieles de ovejas sujetas con un cinturón al que van amarrados hasta media docena de cencerros de mediano tamaño. Sobre la cabeza lleva un cesto de mimbre también cubierto con pieles y del que salen dos prominentes cuernos de buey. Llevan cubierta la cara con crines de caballo, símbolo de fertilidad, y adornos que cuelgan del cesto.

Los momotxorros, títeres habitados, son el personaje principal del carnaval de Alsasua  (Foto de F. G.)

Con la recuperación se ha hecho hincapié en un grupo de brujas que preceden al macho cabrío, Akerra, y que dan pie a algunas escenas lascivas que ponen un poco de humor ante la desafiante presencia de los momotxorros. En palabras de su recuperador, Enrike Zelaia, este provoca atracción más rechazo, lo que es igual a tensión: Ahí se encuentra precisamente la razón de ser de un carnaval fustigador como es el de Altsasu.

Otros personajes clásicos del carnaval son las mascaritas, suelen ser chicas que se envuelven totalmente con una colcha brillante y colorida, atada con una cuerda que termina en un pompón. También se ha recuperado la gruesa y torpe figura del Juantramposo, un personaje de aspecto similar al Ziripot de Lanz, al estar embutido su portador en sacos rellenos de paja, dándole una figura grotesca y un volumen que le dificulta moverse con facilidad y produce hilaridad.

Dos juantramposos, dos mascaritas y en el centro un momotxorro (Foto de F. G.)

Tratándose de un carnaval rural que hunde sus raíces, como hemos visto, en los tiempos más remotos, ha incorporado también el tema de la fertilidad de la tierra por medio de un arado romano, que es arrastrado por una comparsa, en la que dos jóvenes con pieles parecen realizar la labor de arrastre que efectúan los animales domésticos.

Una vez más el arado romano como símbolo de la fertilidad de la tierra (Foto de F. G.)También lanzan ceniza para promover la fertilidad

Junto a un momotxorro, el diablo que se dedica a perseguir a las mozas (Foto de F. G.)

Así arranca el carnaval surgiendo las máscaras de forma tan misteriosa y espectacular (Foto de F. G.)

En la plaza culmina el carnaval con rituales de sorgiñas, danzas, fuego, sangre y bengalas en una explosión de júbilo (Foto de F. G.)

Los carnavales de Ituren y Zubieta

     Es Euskal Herria uno de los territorios con mayor presencia de carnavales, combinándose en la actualidad las celebraciones de carácter rural con otras más urbanas, las primeras mucho más frecuentes en Navarra. En el estudio de estos rituales, gracias a su obra Carnaval en Navarra, destaca el tolosarra Juan Garmendia Larrañaga, del que en este año se debería celebrar el centenario de su nacimiento.

Abordamos ahora los carnavales de estas dos pequeñas localidades de la Navarra noroccidental; son muy singulares y se celebran a continuación del último domingo de enero, estamos ante la celebración del solsticio de invierno. En ambos pueblos el personaje principal se conoce como zanpantzar o yoaldunak, nombres que recibe porque su característica principal consiste en portar a su espalda dos grandes cencerros en la parte inferior de esta y otros dos pequeños en la parte alta de la misma.

Otro personaje relevante es el oso que representa el despertar de la naturaleza y es un títere habitado que interactúa con otras figuras del carnaval, como son las carrozas rurales construidas al efecto y la comparsa con abundantes jóvenes disfrazados, conocidos como los mozorroak.

Dado el éxito que los yoaldunak han tenido, son requeridos a salir de su entorno, en esta ocasión subiendo por la recia cuesta de la larga calle Iberia de Sestao (Foto de Nati Cuevas)

Los zanpantzar o yoaldunak van de un pueblo al otro, los de Ituren se unen con los de Aurtiz y juntos van hacia Zubieta juntándose finalmente unos cien yoaldunak. Al día siguiente la visita se realiza en sentido contrario. Siempre yendo por la pequeña carretera comarcal que une la corta distancia, van haciendo sonar sus cencerros con un ritmo uniforme provocado por el caminar y un movimiento de la espalda. Ritual que se interpreta como un intento de despertar a la naturaleza y, a la vez, espantar los males que pueden acechar esa zona.

Estos carnavales han sido declarados por el Gobierno de Navarra como Bien de interés Cultural e Inmaterial.

En la actualidad los carnavales en Bizkaia y Gipuzkoa son predominantemente urbanos, aunque todavía queden algunos con ciertas reminiscencias de los tiempos pasados, incluida la presencia de máscaras y la de ciertos rituales con sabor teatral.

El carnaval de Unanua

Tras estos grandes carnavales es oportuno concluir con uno pequeño pero grande en sus raíces y forma, me refiero al de Unanua, una pequeña localidad de la Barranca o valle de Sakana, a los pies de la Sierra de Urbasa.

Los personajes principales son los mamoxarroak, pastores que antaño bajaban de la sierra con una larga vara de avellano en la mano, con la que golpean el suelo para despertar la naturaleza y tocan con ellas a las jóvenes en busca de la fecundidad. Van vestidos totalmente de blanco con cinturón rojo o negro, llevando también una cinta de cuero cruzada en el pecho que lleva varias campanillas, así como un pañuelo ceñido a la cabeza.

El otro grupo de personajes que intervienen en este antiquísimo carnaval son los muttuak, cuyo significado es los mudos, y deben su nombre a que, yendo vestidos de mujer, llevan también una cinta cruzada al pecho pero sin campanillas ni cascabeles. Con sus varas andan en busca de las chicas sin ser descubiertos para luego conducir hasta allí a los mamoxarroak.

Con este ritual ha sido un carnaval temido por el vecindario porque, tal como sucedía en la no lejana Altsasua, incluso llegaban a entrar en los caseríos. Sin embargo este, al igual que los de Ituren y Zubieta, no tuvieron interrupción durante la postguerra.

Desde el punto de vista de la relación con los títeres, destacan por su originalidad las máscaras que portan, ya que son metálicas, conservándose una media docena de varios siglos atrás, recordándonos el misterio de rituales ancestrales, algunos de ellos hoy felizmente superados.

Recreación de una de las máscaras ( F. G.)

El carnaval rural sigue presente por toda la cornisa cantábrica con gran cantidad de coincidencias y a la vez con distinguidas singularidades, así hasta el sur de Galicia e incluso, con mucha fuerza, en la comarca fronteriza de Tras os Montes y Alto Douro en Portugal y la provincia de Zamora. 

En el próximo solsticio de invierno volveremos sobre buena parte de esta realidad que ya hemos visitado y continuaremos estudiándola.

Por Felipe Garduño.
Fotos de Felipe Garduño y Nati Cuevas