(marionetas de la obra ‘NADA ou o silêncio de Beckett’, Marionetas do Porto, dirección de João Paulo Cardoso. Museu das Marionetas do Porto)

Quien vaya a Oporto (Portugal) y tenga alguna debilidad por las artes titiriteras, no puede perderse el Museu das Marionetas do Porto, una pequeña/gran joya en el corazón de la vieja ciudad lusitana del Duero, concretamente en la Rua de Belmonte, 61.  

Nació este museo en la mente emprendedora de uno de los grandes titiriteros portugueses, João Paulo Cardoso, nacido en 1956 y fallecido en el año 2010 a edad temprana, imbuido por el afán de ofrecer a la ciudad el patrimonio artístico de su compañía, Marionetas do Porto, como base de un centro museístico abierto al público.

Supe del proyecto en julio de 2010, cuando fui a visitar a João Paulo en Porto, primera parada indispensable para empezar mi libro Rutas de Polichinela (ver aquí). Poco podía imaginar entonces que pocos meses después fallecería el buen amigo Cardoso. Disponía ya de un local en la céntrica Rua das Flores para el Museo, cerca de su posterior y actual ubicación, con el primer piso ocupado por lo que era la colección de sus marionetas: impactantes figuras de diferentes estilos y dimensiones, fruto de una concepción moderna del teatro de títeres, por la que cada espectáculo requiere de su propio lenguaje y forma dramatúrgica. El Museo no se abriría hasta el 2013, años después de su muerte. Lo filmé todo y pude compartir con Cardoso nuestras respectivas consideraciones sobre las tradiciones polichinescas de Europa y sobre el Dom Roberto en concreto, mientras comíamos sardinas en un restaurante frente al Douro.

Ocho años después, aprovechando mi estancia en Ovar en ocasión del Festival FIMO 2019 (ver aquí), regresé de nuevo a Porto y pude visitar por fin el Museu da Marioneta, en su actual y definitiva sede.

El Museo.

Lo bueno del Museo es que forma parte de una compleja estructura teatral formada por la Compañía Marionetas do Porto, el Museo y el Teatro Belmonte, un espacio escénico mínimo en el que se encuentran también el taller y la oficina de la compañía. Es decir, las tres patas por las que cualquier proyecto teatral de marionetas aspira: disponer de un lugar de exhibición, un lugar de creación, producción y ensayo, y un espacio donde mostrar al público el patrimonio acumulado en los años de trabajo.

El Museu das Marionetas do Porto. A la izquierda, el Teatro Belmonte.

El Museo es, en efecto, un museo de compañía o más bien de autor, como se define a si mismo, dedicado a la obra de quien fue su creador y director: João Paulo Cardoso. Como dice el programa de entrada para los visitantes, el Museo es ‘un espacio de memoria y de futuro, en permanente actualización, cuyo proyecto arquitectónico está firmado por José Gigante, el mismo arquitecto que en 1992 hizo el proyecto del Teatro de Belmonte, aún en funcionamiento y desde entonces, sede de la compañía’.

João Paulo Cardoso actuando en la calle de joven.

Se abrió su actual ubicación en el año 2016, tras estar el Museo abierto en la Rua das Flores desde el 2013, como antes se ha indicado. Y la verdad es que han conseguido, los responsables del mismo, capitaneados por la bailarina y titiritera Isabel Barros, excompañera de Cardoso, un acabado de altísimo nivel, capaz de seducir tanto al visitante espontáneo que recala por azar, al titiritero entendido, a los meros aficionados al género así como a las familias y a los escolares. En este sentido, la visita está pensada para satisfacer a esta variedad de públicos, con un énfasis especial puesto en los niños, con propuestas de participación interactiva a través de muñecos, vídeos y otros recursos.

Un grupo de niños siguen con atención un vídeo del Museo.

Para ello, el Museo muestra dos rutas posibles: por un lado, el recorrido de la compañía Marionetas do Porto a través de su creador, João Paulo Cardoso, y de sus espectáculos más emblemáticos; y, por el otro lado, una iniciación al mundo de la marioneta contemporánea, con indicaciones técnicas sobre construcción, dramaturgia, escenografía, manipulación…

Partes de una marioneta y su construcción.

El uso del espacio es perfecto para conseguir estos dos objeticos, con un aprovechamiento del mismo muy trabajado afín de sacar el máximo rendimiento a los dos pisos del Museo.

Carteles de la compañía.

Da gusto ver los títeres del Dom Roberto que Cardoso rescató allá en los años ochenta, tras conocer a uno de los últimos maestros populares en activo: António Dias. Sin duda, uno de los signos de identidad titiritera más reconocidos del maestro de Porto.

El Barbero, Dom Roberto y la Muerte.

Pero igual de fascinante es ver el despliegue de las marionetas utilizadas en sus distintos montajes, siempre con técnicas diferentes, en un afán por acercar el teatro de títeres al teatro contemporáneo de texto, tratado desde la perspectiva visual y sintética que le es propia.

Destacan los montajes del Polgarzinho, con marionetas de varilla corta, o Joanica Puff,  con títeres de cuero y madera obra del escultor francés Etienne Champion.

Marionetas de ‘Joanica Puff’.

Impactan las marionetas del montaje Nada o el Silencio de Beckett, estrenado en 1999, con unos preciosos muñecos creados por Júlio Vanzeler, una de las obras dirigidas por Cardoso que más despuntó, con varios premios internacionales y también portugueses.

Al bajar las escaleras de la planta sótano, una cabeza recibe al visitante: es la del proyecto Máquina-Homem, realizado para la EXPO 98, una reflexión sobre ‘los límites de lo humano y las posibilidades de su autonomía, no sólo frente a las máquinas o los robots, sino también frente a la gran Máquina de la organización humana en y del mundo’.

Cabeza de Máquina-Homem.

Del 2001 es el montaje de Macbeth, del que se enseñan las marionetas de un metro de altura de los dos principales personajes.

También resaltan las figuras del Cabaret Molotov, de 2006, con una mezcla de técnicas distintas (guante, varilla, máscaras…) para una obra que juntaba marionetas, danza, teatro, circo y cabaret.

Personajes de ‘Cabaret Molotov’.

Fue un placer recorrer la carrera artística de Cardoso y su compañía. Y muy cálido fue el recibimiento de Catarina Falcão, responsable de atender a los visitantes, aquella mañana muy ocupada al coincidir con un grupo escolar que terminaba su visita.

Vestíbulo del Museo con Catarina Falcão y un asistente.

Un museo entrañable que nos habla no sólo de las artes titiriteras en su acepción más amplia y contemporánea, sino también de la labor creadora de quien fue su director y fundador, João Paulo Cardoso.

Elementos de construcción.

De visita obligada para cualquier aficionado a las artes del títere.