(Imagen de la exposición ‘El enemigo es el sofá’, de Joan Baixas. Foto de Jesús Atienza)

Joan Baixas ha celebrado su cincuenta aniversario de titiritero con una triple operación en el Caixafòrum de Barcelona: una exposición, titulada ‘El enemigo es el sofá’, un libro de arte publicado por la Diputación de Barcelona y el Institut del Teatre con el título de ‘Desorden general’, y el espectáculo ¡Baboia!, con música de Ravel y Debussy de piano a cuatro manos en directo y la manipulación de sus dos hijos, Marina i Josep Baixas.

Un aniversario de los importantes, de una compañía pionera en el campo del teatro de títeres y visual, y que empezó con Joan Baixas y Teresa Calafell, en una época donde todo estaba por hacer. Nació La Claca en los últimos años del Franquismo y ya desde un primer momento quiso situarse en una órbita que, con los títeres y el teatro popular en el centro, buscaba instalarse en los círculos más abiertos y aireados del arte contemporáneo, con la mirada puesta en la tradición vanguardista del siglo XX que tanta fascinación sintió por los objetos, el arte primitivo y los juegos de la plástica en los escenarios. Se entiende que en su andadura se cruzara con el pintor Joan Miró, también atrapado por parecidas fascinaciones, y acabaran creando el Mori el Merma, una versión propia del Ubu Roi de Alfred Jarry.

Joan Baixas, Marina Baixas y Glòria Rognoni, durante el montaje de la exposición. Foto T.R.

50 años son toda una vida y en ellos ha habido de todo, grandes alturas y cambios de tercio radicales, golpes de la vida y golpes de timón, con una constante: la osadía del creador artístico que se atreve a todo empujado por una poderosa vocación titiritera de base, osadía máxima de la modestia que va a por todas. Creatividad y ambición, dos motores que se necesitan y se complementan, aunque a veces sea una ambición de mínimos y otras de máximos.

La exposición ‘El enemigo es el sofá’.

Uno hubiera pensado en una macro-exposición capaz de mostrar el acumulo de tantos años, obras y ocurrencias, y en cambio Joan Baixas, en conjunción con Glòria Rognoni y Marina Baixas, corresponsables del libro y de la exposición, nos ofrece una curiosa y entrañable exposición de carácter intimista, en un espacio reducido del Caixafòrum en el que el titiritero artista ha sintetizado toda su carrera desde la perspectiva de quién mira atrás y la ve como un constante batallar en varios frentes que se pueden resumir en una oposición binaria de contenidos: dentro y fuera, lo objetivo y lo subjetivo, la lucha de los bolos y la intimidad de los lenguajes más personales, como son la pintura y los poemas objetos.

Foto de Jesús Atienza.

En efecto, el centro de la sala está ocupado por una especie de artefacto o de gran caja cuyas paredes son grandes espejos de los que dejan ver el lado interior oculto cuando se lo ilumina. Las tres paredes de la sala utilizables alrededor de la caja de los espejos dobles se dividen del siguiente modo: a la derecha, una selección de preciosos carteles históricos de la compañía, a la izquierda, pinturas y composiciones plásticas del artista solitario encerrado en su taller. En la tercera, se proyecta un vídeo que cruza distintos momentos de la andadura de La Claca, con imágenes antiguas de la creación de Mori el Merma y de otros espectáculos anteriores y posteriores.

Foto de Jesús Atienza.

Pero lo importante es la iluminación, propia de quién conoce los antiguos trucos de escenario: pues cuando se enciende de pronto la luz que ilumina el interior de la caja central, los espejos dejan de ser espejos y nos dejan ver el interior: un conjunto de objetos, figuras, vestuarios y mil artilugios colocados en promiscua composición espacial, que nos habla del imaginario creativo de la Claca, lo que se guarda sin orden ni concierto en los almacenes de la creación, una destilación de lo que ha quedado de tantas aventuras en el taller y en los escenarios.

Foto de Jesús Atienza.

Foto de Jesús Atienza.

Foto de Jesús Atienza.

Foto de Jesús Atienza.

Foto de Jesús Atienza.

Cuando se enciende el ‘mundo interior’, el exterior se apaga, y entramos en el laberinto de las formas, los colores y las imágenes. Y viceversa, cuando se apaga el interior, regresa el mundo objetivo de las realizaciones visibles, el mundo de la lucha con los materiales y también el sociológico de los bolos y giras por el planeta, es decir, los aspectos prosaicos y algunos resultados objetivos de una vida de titiritero, que los carteles nos indican con elegante refinamiento.

Foto de Jesús Atienza.

Quizás lo más interesante, al menos para este cronista, sea el momento en que las luces cambian y los espejos que cierran la caja del centro reflejan simultáneamente lo interior y lo exterior. El cruce de mundos es mágico y se producen potentes imágenes que la cámara de Jesús Atienza, seducido por estas superposiciones, ha conseguido fijar a modo de posibles propuestas de lectura de las mismas. Unas intersecciones que nos dicen mucho sobre la complejidad del arte de los títeres.

Foto de Jesús Atienza.

Frente a la entrada de la exposición, cerrada con una cortina de tiras de metro de los que usan los sastres para medir, ha situado Baixas su Nave de los Locos, que pudimos ver en la exposición que realizó para el TOPIC de Tolosa en ocasión del Congreso de Unima en 2016 celebrado en Donosti/San Sebastián y Tolosa, titulada precisamente La Nave de los Locos.

Foto de Jesús Atienza,

Y encima de la entrada, se indica, junto a grandes pinturas del artista, el título de la exposición en un panel pintado: ‘El enemigo es el sofá’. Un título que nos habla de la lucha contra las comodidades y las tentaciones que roban al artista el Tiempo necesario e indispensable para la creación. Toda una declaración de principios que sintetiza nuestra época, pues esta lucha por disponer de tiempo propio, distinto al tiempo impuesto que nos viene dado, no es sólo la lucha eterna del artista sino que constituye, hoy en día, una de las principales batallas, por no decir la principal, a la que debemos enfrentarnos los humanos en este siglo.

La Nave de los Locos. Foto de Jesús Atienza.

Una exposición pequeña que va al corazón del asunto, titiritera en un 100%, teatral y sintética, osada y modesta, y que enlaza con el título del libro que la corona.

Desorden General.

Un libro que busca sintetizar una vida entera dedicada al arte de los títeres, pero en el que ‘no está todo dicho’, según palabras del mismo autor. De lo que cabe deducir que Baixas tiene muchas ganas de seguir contando cosas con la palabra y con las imágenes.

Es precisamente a su edad, según él mismo confiesa, cuando todo aparece claro y confuso, es decir, cuando se entiende el quid de las cosas sin entender nada del mismo, contradicción que constituye la base del máximo saber al que los humanos podemos aspirar, y que enlaza con este gran Desorden en el que se siente tan cómodo

Joan Baixas y Teresa Calafell, en Sant Louis, Missouri, 1972, construyendo títeres.
Foto de Gabriel Serra. Extraída del libro Desordre General.

Dice Gloria Rognogni, gran amiga de La Claca y autora del prólogo:

‘Tenéis en las manos un libro fruto de cincuenta años  de experiencia. Joan Baixas no narra en él su biografía, no son unas memorias ni se hace un análisis de su trabajo. Es una evocación poética, delicada, potente. Son estallidos de recuerdos, de vivencias, de aprendizajes… tanto del pasado como del presente. De su tenacidad. De su orden y de su desorden. De allí donde ha sucedido y brotado la universalidad de una obra extensa’ (traducido del catalán)

Joan Baixas y Joan Miró, preparando el montaje de Mori el Merma. Sant Esteve de Palautordera, 1977. Foto de F. Català-Roca. Extraída del libro Desordre General.

El libro recoge textos sueltos de Baixas, con otros intercalados de varios autores: el poético homenaje que dedica a La Claca Joan Brossa (Besamans als Putxinel·lis Claca), uno del periodista Jordi Bordas sobre el espectáculo Daurodó, el texto titulado Las Criadas de los tres artistas iranís Ramin Haerizadeh, Rokni Haerizadeh y Hesam Rahmanian que se ha usado como Hoja de Sala de la exposición, y un epílogo de Marina Baixas llamado ‘Hoja en blanco’.

Imagen de Mori el Merma,en su estreno en el Liceu de Barcelona, 1979.
Foto de F. Català-Roca. Extraída del libro Desordre General.

Lo que fascina del libro es cómo los distintos textos, escritos a la manera de Joan Baixas, es decir, a modo de pinceladas conceptuales hechas con palabras que intentan hablar como si fueran un dibujo, un apunte o una acuarela, se combinan con imágenes del autor, pinturas y apuntes también de líneas, manchas y colores, en un relato disruptivo y poético compuesto de palabras, imágenes, fotografías y memorias.

Claro que no todo son pinceladas. Hay muchos ‘momentos’, pequeñas radiografías de lo que sucedía en tal o cual escenario, en un estreno o durante los gloriosos momentos en los que el titiritero se funde con el artista, ya sea en solitario consigo mismo o en compañía de otros artistas, como fue el caso de Joan Miró, de Antonio Saura, de Cildo Meireles, o de los tres artistas iranís citados que lo invitaron a participar en una exposición conjunta en el MACBA de Barcelona.

Joan Baixas en ‘Oh la-la la Marionnette’, inauguración de la exposición Figuras del Desdoblamiento. Centre Arts Santa Mònica, Barcelona, 2015. Foto de Nati Cuevas.

Son muchos los países visitados y las personas conocidas, y muchas de ellas salen en las páginas de este Desorden General desde el que Baixas intenta revisar lo que se ha hecho por el camino. Empeño imposible. Se comprende que lo sea cuando uno se da cuenta de la extraordinaria cantidad de proyectos, espectáculos, colaboraciones, talleres, improvisaciones, exposiciones y los mil viajes que llenan su vida.

¿Cómo organizar semejante acumulación de imágenes, recuerdos, personas, rostros, palabras, paisajes y escenarios? Este libro da fe de este fabuloso Desorden General e invita al lector a dejarse caer y mecer en él, gracias a las imágenes y a los sugerentes textos que llenan sus páginas.

Un libro esencial para entender el arte contemporáneo de los títeres.

¡Baboia!

Con este título ha presentado Baixas el espectáculo que acompaña su 50 aniversario en el Caixafòrum, y lo ha hecho de la mejor manera posible: pasando el relevo a una nueva generación de titiriteros, en este caso sus propios hijos, Marina y Josep Baixas, estudiantes de arte que han sentido la llamada del oficio de los títeres.

Joan Baixas. Foto de Jesús Atienza.

Sentado en un lateral del escenario, ejerce Baixas de director, presentador y narrador, con este estilo directo y afable con el que sabe dirigirse al público, tenga la edad que tenga.

Foto de Jesús Atienza.

En el otro lateral, un piano de cola y los dos intérpretes, los pianistas Pau Hernández y Roger Vilarnau, encargados de interpretar las piezas cortas seleccionadas de Claude Debussy y Maurice Ravel.

Foto de Jesús Atienza.

Y en el centro, unas telas montadas en invisibles estructuras conforman la escenografía para los títeres y la acción manipuladora de Marina y Josep Baixas.

Foto de Jesús Atienza.

El personaje principal, llamado Baboia, surge del sofá que ocupa para encarnar una aventura que es hija del mismo título de la exposición: el sofá como el enemigo que nos engulle, allí donde reina un monstruo voluble y tentacular, pura encarnación de la pereza o más bien de la molicie, esa comodidad excesiva que nos ablanda y embelesa.

Foto de Jesús Atienza.

Pero lo bonito de la propuesta es el cómo se explica, mediante imágenes que buscan sugerir el desarrollo de la acción, con personajes en los que pesa la indefinición, para mantener siempre tensa la atención del espectador, algo que se consigue desde el principio hasta el final, con apenas breves intervenciones del narrador o comentador, que va situando los núcleos de desarrollo de la acción a modo de pinceladas orientativas.

Foto de Jesús Atienza.

Todo tiene una justificación en esta escenografía que en realidad son tejidos que están vivos por dentro, con sombras primero y, ya hacia el final, mediante el uso de la pintura  con luz por detrás, en este estilo o técnica que Baixas lleva tiempo trabajando y que permite crear imágenes de gran poderío.

Foto de Jesús Atienza.

Casi sin palabras, con la música, la luz, las manos y la plástica, La Claca consigue crear un espectáculo dirigido a todos los públicos en el que quizás lo más destacable sea su hermosa elegancia.

Foto de Jesús Atienza.

Se trata, en efecto, a los niños como adultos sin forzar nada, dejando libre la imaginación, abriendo campos de significados profundos  que surgen de imágenes poderosas, y se ofrece un exquisito manjar de creatividad y buen gusto, acompañado de una excelente interpretación musical.

Foto de Jesús Atienza.

Al acabar, una pequeña participación de dos niños en el escenario muestra cómo reproducir en casa algunos de los efectos de sombras realizados. Una ganancia que se añade a la placentera experiencia de ver y vivir un tiempo de libertad arrancado a la indolente holgazanería del sofá engullidor de niños, papis y mamis.

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