El Festival Incanti, Rassegna Internazionale di Teatro di Figura, de Turín, que este año ha cumplido su 21ª edición, ha presentado un programa realmente interesante, tal como apuntábamos en el anterior artículo sobre el mismo. Se nos escaparon algunos espectáculos importantes, como “Paper Orchestra” de Max Vandervorst o la obra “Conversation avec un jeune homme”, de la conocida compañía Gare Centrale, de Bélgica. También las distintas obras presentadas de la compañía italiana L’Asina Sull’Isola, de teatro de sombras, o la magnífica “R.O.O.M.” de la alemana Meinhard Krauss Feigl, una maravilla visual en el uso del video y del actor que ya pudimos ver en el FIMFA de Lisboa del año 2013 (ver artículo en Titeresante aquí).

No pude ver “Viajeros del Carrusel”, de la compañía española Ángeles de Trapo, que actuó en el Parco Le Serre, de la localidad de Grugliasco, allí donde se encuentra el Museo de Gianduja. Ángeles de Trapo presentó su premiada obra inspirada en la música de Camilo Saint Saëns, y que trata sobre las figuras del Carrusel. Vean aquí algunas imágenes del espectáculo de la compañía malagueña.

Nos limitaremos en esta entrada a abordar los últimos espectáculos que pudimos ver en Turín.

“Wunderkammer Cabinet of Curiosities” de Figurenteather Tübingen.

En el Officine Corsare –un pequeño complejo de dos salas, un patio y un bar, todo un ejemplo del buen momento creativo en el que se encuentra Turín, con profusión de locales alternativos para el teatro, la música y el encuentro entre las artes– pudimos ver la “Wunderkammer Cabinet of Curiosities” de la reputada compañía Figurenteather Tübingen de Alemania. Un obra centrada en la marioneta de hilo que busca crear un universo de “maravillas” como si el escenario fuera un Gabinete de Curiosidades con su distintos objetos vivos los cuales se van desplegando frente al público, gracias a la acción de tres oficiantes manipuladores: dos hombres (Raphael Mürle y Frank Soehmle) y una mujer (Therese Gottschalk).

Figurenteather Tübingen
Las manos de oro. Figurenteather Tübingen.

La idea de centrarse en un Gabinete de Curiosidades no sólo es afortunada por todo el rico imaginario que despierta, sino también porque nuestra época parece conectar de nuevo con el mismo espíritu renacentista que hizo nacer a los antiguos Cuartos de Maravillas, destinados a mostrar al público prodigios que no tenían ninguna explicación pero que exigían estudio, análisis y clasificación. Hoy, las maravillas nos llegan sobretodo del futuro, este no lugar que cada día baja a la realidad y se hace presente, para asombro y susto de los que no quieren dejar de mirar hacia el pasado. Las curiosidades maravillosas del Figurenteather Tübingen son sobre todo misteriosas, musicales y altamente poéticas, y exploran la fascinación que produce el hilo, esa manera sutil y estilizada de transmitir energía humana y de convertir a los objetos inanimados en seres vivos.

Los tres apartados típicos de los Gabinetes de Curiosidades, Animalia, Vegetalia y Mineralia, están representados en el espectáculo, pero en ellos habría que incorporar al Humania, pues de alguna manera lo que aquí se produce es una antropomorfización de los objetos: unas manos de oro extraídas de una caja, unos raros minerales blancos surgidos del agua y que se mueven con vida propia, los instrumentos musicales que llevan consigo a su propio ejecutante, y otros seres que participan de varias condiciones a la vez.

Figurenteather Tübingen
Instrumentos vivos. Figurenteather Tübingen.

El Gabinete de Curiosidades del Figurenteather Tübingen es también un lugar donde se escenifica el rito alquímico: la distante actitud de los manipuladores, la música de Michael Wollney y Tarnar Halperin, y una iluminación sutil y oscura, son los elementos catalizadores de las distintas metamorfosis y de las sorprendentes acciones de los seres objetos vivos que protagonizan la obra.

El espectáculo atrapó o más bien maravilló a los espectadores, fascinados por unas visiones que parecen querer introducirnos en los intersticios de la realidad, allí donde asoman otras experiencias y otras dimensiones que nos son aún desconocidas. Una obra, pues, que junta el arte y la poesía con la percepción alquímica de lo oculto.

‘La strana storia (lo strano verso)’, de Stefano Giorgi.

Estreno absoluto en la sala pequeña del Officine Corsare fueron las dos funciones realizadas por el artista Stefano Giorgi. Un joven artista plástico –pintor, dibujante y buen creador de mundos visuales– que se ha empeñado en realizar su labor en directo, a través de una técnica de video proyección de las imágenes tomadas por una cámara situada debajo de un cristal sobre el que se puede hacer de todo. Una especie de retroproyector en el que el espejo ha sido substituido por una cámara es el maravilloso aparato que ha construido Giorgi: desde detrás del público, proyecta sus creaciones sobre una pantalla, mientras dos intérpretes ponen voz y música desde el mismo escenario: Maria Mamone y Giulio Berutto.

Stefano Giorgi
Stefano Giorgi.

Arte en directo y al vivo es el reto que se ha propuesta este artista disfrazado de contador de historias, pues las imágenes que vamos viendo en la pantalla siguen un hilo narrativo en el que se nos cuenta la historia de una princesa encantada, un caballero y una torre misteriosa. Encantamientos, sueños y una continua transformación de los espacios son la gramática conceptual del relato. Algunos momentos son extraordinarios por el uso de las texturas, el juego de luces, colores y telas, y el dibujo en directo sobre un papel misterioso que se mueve, se arruga y se contrae como si tuviera vida propia.

La sesión fue un verdadero lujo, pues pocas veces se nos da la oportunidad de ver el talento y el dominio de la técnica, proyectados en directo sobre una pantalla, con el artista vivo detrás elaborando las imágenes que vemos. Tras los plausos, y mientras los espectadores abandonaban la sala, algunos pudimos acercarnos al reducto del artista para ver los secretos de las imágenes creadas a nuestras espaldas.

“Dirty Wing“ (Ala Sucia), de David Zuazola.

Fue una agradable sorpresa y un placer encontrarme con el chileno David Zuazola en Turín. Presentaba “Ala Sucia”, una obra que ya he visto varias veces (ver aquí artículos en Titeresante sobre David Zuazola) y que nunca me canso de volver a ver. Claro que hubiera preferido conocer su último trabajo con la compañía italiana de Milán Scarlattine Teatro titulado “Cupido es una broma”, en colaboración con Marek Zurawski (autor de la música), obra que espero ver pronto por España –creo que su primera cita es en Madrid en enero–. Pero asistir de nuevo a una representación de Ala Sucia, en italiano en este caso, me permitió descubrir algunas dimensiones ocultas del espectáculo.

David Zuazola
David Zuazola.

Por ejemplo me fijé mucho en la banda sonora, una de las claves de la obra, muy bien urdida y que sabe oscilar entre registros diferentes, por lo general opuestos. También comprendí que uno de los méritos principales de Zuazola es haber creado un mundo propio gracias a la escenografía que nos remite a una estética de basuras y de reciclaje. Un mundo que visto en estado quieto y mudo, con simple luz de sala,  parece una parada abandonada de un rastro cualquiera, pero que al tomar vida gracias a las lucecitas que se van encendiendo, a la oscuridad, a la música y a la acertada animación que consigue darle David, de pronto se convierte en un mundo intrigantes, misterioso, sin duda apocalíptico, en el que las acciones y las sorpresas de sus personajes pueden durar todo lo que quiera su demiurgo. Pensé que en el fondo lo que se cuenta no tiene demasiada importancia, pero sí el tono de la voz empleada por Zuazola, así como las imágenes que se van sucediendo, una tras otra.

Creo que el público entró bien en la obra y quedó fascinado por el mundo que pone en escena David Zuazola. La próxima cita será con su Cupido de poca broma.

“Haiku”, de Controluce Teatro d’Ombre.

Se presentó este espectáculo en una de las salas del Cecchi Point, un complejo de lo que antiguamente sería una fábrica en un barrio industrial hoy en proceso de cambio acelerado, con una transformación de los espacios convertidos en centros de arte, escuelas, universidades o teatros. Controluce es la compañía de Turín que creó en su día el Festival Incanti y  que con los años se ha constituido en un referente del teatro de sombras europeo. De hecho, Incanti ha sido siempre un festival si no por completo, sí muy centrado en el lenguaje de las sombras. Debo decir que había visto varios trabajos de Controluce especialmente relacionados con la ópera, siempre con un gran dominio de la técnica, pero en esta ocasión se trataba de un trabajo de pura creación visual, dirigido en este caso por Jenaro Meléndrez Chas, con el único apoyo de la música –un piano–, un bailarín Butoh y unos haikus a modo de lejanos referentes temáticos.

Controluce

Un espectáculo que temáticamente pide ser encarado como quien se halla frente a una página en blanco, en una actitud de abertura relajada y sin juicios previos. Así lo exigen tanto el butoh como el haiku, dos géneros que tienen que ver con el Zen y con los arcanos de la cultura japonesa, que gustan tanto del silencio y de la quietud. La música, compuesta para piano por Nicola Campogrande e interpretada en directo por Eiko Yamaguchi, se integra perfectamente en este espíritu Zen, sin por ello dejar de elevarse hacia la jovialidad alegre cuando el haiku correspondiente lo requiere.

Comprendo que la obra haya viajado y gustado tanto en Japón, pues rezuma por todos sus poros el gusto nipón por la limpieza estética y por la contención poética, pero el mayor logro del espectáculo de Controluce es que consiga salir del referente cultural japonés para hacerse universal, capaz de interesar y fascinar a cualquier espectador del mundo entero. De alguna manera es como si la obra hubiera buscado unos mínimos comunes denominadores estéticos basados en la abstracción, el gesto, la luz y la sombra, el blanco, el oscuro y los colores puros. Que los poemas tengan relación con la imagen es obvio, pero palabras e imágenes pueden ser vistas y escuchadas aquí sin necesidad de buscar concepto alguno. Cuando ello sucede, puede decirse que el espectador es llevado en volandas sobre una invisible alfombra mágica, la de la percepción poética, dejando que sean los sentidos los encargados de entender y profundizar en los contenidos profundos de las imágenes, cuando éstas resuenan y vibran según sus múltiples dimensiones interiores.

Controluce
Imagen de Haiku. Controluce.

Los espectadores aplaudieron gustosos y los más curiosos de ellos traspasamos la frontera de la luz que son las pantallas, no solo para saludar a los artistas, sino también para ver los entresijos técnicos que se esconden detrás de las imágenes.

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